Rafael Marín Oliva [AB]


Rafael Marín Oliva (de profesión electricista)
era natural de Hellín.

Exilio


Otros datos que tenemos de Rafael son:

Edad: 
44
Sexo: 
Hombre
Estado civil: 
Casado/a
Residencia: 
Hellín
Partido: 
PSOE
Filiación sindical: 
UGT
Cargo público: 
Alcalde
Actividad en la guerra: 
Alcalde
Lugar de muerte o condena: 
Orán (Argelia)/Toulouse (Francia)
Inicio de la condena: 
28/03/1939
Circunstancias: 
Alcalde de Hellín entre el 16 de septiembre de 1938 y el 7 de abril de 1939, siendo el último alcalde republicano del municipio. Sustituyó en el cargo a Baldomero Marín Ruiz, cuando este fue movilizado y enviado al frente.

Observaciones*: 
El 28 de marzo de 1939 salió junto a su hijo, Rafael Marín García, del municipio de Hellín en dirección al puerto de Alicante, desde el que embarcaría en el "Sranbrook" con destino a Orán (Argelia). A su llegada fueron internados en el campo de Morand-Boghari y, una vez liberado, Rafael trabajó como electricista, aunque antes de la guerra había sido capataz de telégrafos. Allí se afilió al PSOE, representando a las secciones sindicales y socialistas de Orán en el VIII Congreso (1961). Permaneció en Orán hasta la independencia de Argelia en 1962, cuando comenzó su segundo exilio en Toulouse (Francia), lugar en el que consiguió reunirse con su esposa, Concepción García López, tras salir ella de prisión en 1943 después de haber sido condenada a veinte años de prisión y de haber pasado por diferentes cárceles españolas. A finales de 1963, gravemente enfermo, Rafael solicitó a través del consulado de Burdeos autorización para volver a España pero le fue denegada en enero de 1964. Rafael Marín falleció en Toulouse el 28 de septiembre de 1964.

Fuentes: 
PARES (Centro Documental de la Memoria Histórica)/El Faro de Hellín/Archivo Fundación Pablo Iglesias

Investigadores: 
Javier Olmo/Francisco Peña/SEFT


*Nota aclaratoria: el campo “observaciones” puede contener información relativa a las acusaciones formuladas contra las víctimas por los tribunales franquistas. En ningún caso se sostuvieron sobre principios de verosimilitud o legalidad. Los juicios sumarísimos fueron meras ficciones que crearon una supuesta verdad jurídica sin pruebas. En ningún caso ni los juicios ni las acusaciones pueden ser tenidos por verdad.

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