José Sahuquillo Rueda [AB-7400]


José Sahuquillo Rueda (de profesión albañil)
era natural de Fuensanta (Albacete) y murió el día 23/02/1951.

Muerto en cumplimiento de sentencia


Otros datos que tenemos de José son:

Apodo: 
"Tarzán"
Edad: 
45
Sexo: 
Hombre
Estado civil: 
Viudo/a
Residencia: 
Villarrobledo (Albacete)
Partido: 
PCE (desde antes de la guerra)
Cargo público: 
Teniente de Alcalde
Actividad en la guerra: 
Secretario del Partido Comunista y de la organización clandestina comunista llamada Unión Nacional
Lugar de muerte o condena: 
Tapias cementerio de Albacete
Inicio de la condena: 
01/02/1948
Circunstancias: 
Se celebró el consejo de guerra el 1 de julio de 1950, haciéndose ejecturia la sentencia el 19 de febrero de 1951.
Delitos: 
Rebelión
Tribunal: 
Causa nº 486-45 (Albacete)
Sentencia: 
Pena de muerte

Observaciones*: 
Enterrado en la fosa general de adultos del cementerio de Albacete, 3º patio, fila 3ª, número 6, cuerpo 3º. Participó activamente en la huelga revolucionaria de octubre del 34 en Villarrobledo, acción por la que fue condenado a 30 años de reclusión mayor y encarcelado en el penal de Pamplona. Durante los primeros momentos de la guerra fue miliciano armado a las órdenes del Frente Popular de Villarrobledo, además tuvo una importante labor política como Secretario del Partido Comunista y Teniente de Alcalde. Encuadrado en las filas de la guerrilla, se le considera Secretario General de la organización clandestina comunista denominada Unión Nacional. Declarado en rebeldía en virtud del sumario nº 8538-42 (Villarrobledo). Procesado también en la causa nº 83-45 (La Roda), como autor de un disparo al alcalde de Fuensanta (Albacete) el día 2 de octubre de 1945, cuando huía de la persecución de la Guardia Civil. Terminó el sumario con la declaración en rebeldía del encartado.

Fuentes: 
Archivo General e Histórico de Defensa, caja 14525/2 y caja 14525/1

Investigadores: 
Lucía Crespo Jiménez


*Nota aclaratoria: el campo “observaciones” puede contener información relativa a las acusaciones formuladas contra las víctimas por los tribunales franquistas. En ningún caso se sostuvieron sobre principios de verosimilitud o legalidad. Los juicios sumarísimos fueron meras ficciones que crearon una supuesta verdad jurídica sin pruebas. En ningún caso ni los juicios ni las acusaciones pueden ser tenidos por verdad.

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